domingo 25 de octubre de 2009

El Shabat en el Tanaj y en la Mishná

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"Reflexiones sobre el Shabat"
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Por Adrián Varela Cangado
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Algunos autores creen que el Shabat tiene sus orígenes en la cultura babilónica. Entre los babilonios, los séptimos días del mes eran fechas nefastas, de carácter penitencial y suspensión de determinadas obras. Además, en acadio shapatu es la celebración de la luna llena, y en las Escrituras llama la atención que el Shabat aparezca mencionado a veces junto al Rosh Jódesh.
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Sin embargo, esas afirmaciones no cuentan con demasiado fundamento. La palabra hebrea shevá es "siete" y shevat es "descanso": Shabat es el séptimo día, un día de descanso y regocijo, no de penitencia. Los orígenes del Shabat están en el Israel histórico, no es una festividad de origen extranjero.
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En las colecciones más antiguas (circa 900 a.e.c.) ya se menciona el Shabat. Así, se hace mención del mismo en el Código-E (Éx. 23:12) y en el Código-J (Éx. 34:21), así como en la regulación sacerdotal (Lev. 23:1 y ss, Éx. 31:12-17), de más tardía fecha (circa 500 a.e.c.).
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Del mismo modo, cuenta con un sitio entre los diez principales preceptos del judaísmo, tanto en Éx. 20:8-11 como en Deut. 5:12-14.
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En todas esas citas bíblicas el Shabat se configura como un día de abstención de trabajos corporales. Sin embargo, en los diez mandamientos, ya se añade nuevo significado al Shabat: también deben hacerse actos positivos, de afirmación o santificación del día ("guardar/recordar el Shabat para santificarlo").
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Una de las prohibiciones más antiguas es la que hace referencia a encender fuegos (Éx. 35:3), la cual en fecha posterior se convirtió también en la prohibición, salvo fuerza mayor, de extinguirlos.
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En las obras posteriores encontramos referencias al Shabat. Así, en Amós 8:5 se interrumpen las transacciones comerciales, en Oseas 2:13 se acudía al santuario durante esta fiesta, en Jeremías 17:22 dice, "no saquéis cargas de vuestras casas en sábado", y en el Deutero-Isaías se recoge una prohibición sobre hablar de negocios (Isaías 58:13). Durante época posterior, la macabea, varios de los combatientes prefieren morir antes que profanar el Shabat, y en el Documento de Damasco, un apócrifo, se recoge la prohibición de comer alimentos que no hayan sido preparados antes del día de reposo (10:14 y ss). Por lo tanto, vemos cómo la observancia del día se va haciendo más estricta. En esa época se elabora la Mishná, y en ella los rabinos reflejan ya una preocupación minuciosa sobre los detalles de la observancia del Shabat, pero también recogen opiniones distintas en cuanto a dónde están los límites de esos preceptos.
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Sin duda, el Shabat es también un día de fiesta gozosa (Is. 1:13), en el que uno debe abstenerse de coger medios de transporte o emprender viajes largos (o terminarlos), si bien de II Reyes 4:23 parece desprenderse que los viajes breves estarían permitidos (dos mil codos son la cifra que da la tradición judía como distancia máxima permitida, es decir, un kilómetro y doscientos metros aproximadamente).
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En la regulación de la Mishná se recogen los trabajos principales que están prohibidos en Shabat. La tradición judía los deduce al entender que la proximidad entre el precepto del Shabat y la construcción del tabernáculo indica que las actividades precisadas para construir este son las que están prohibidas en Shabat. Dicha interpretación no solamente es aventurada, sino que la propia tradición judía llegaría a contradecirla (así, en el Tratado Shabat 11:2, dice: "tal era el trabajo de los levitas: había dos carros en lugar público, uno detrás del otro, y pasaban las vigas del uno al otro, pero no las arrojaban", los comentaristas añaden: "de este modo continuaban los trabajos de construcción del tabernáculo sin profanar el sábado"; ese no es el espíritu del día, el Shabat consiste en abstenerse de trabajar en aquello a lo que nos dedicamos habitualmente), aunque la deducción de los 39 trabajos prohibidos no cuente con mucha consistencia lógica, sigue formando parte de la tradición judía, y como tal debemos respetarla y tratar de preservarla. Otra cuestión es: ¿por qué 39? La respuesta es que ese es el número de veces que la raíz mem-lámed-kaf-tav, "trabajo", aparece en la Torá:
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"Sembrar, arar, segar, engavillar, majar, bieldar, limpiar, moler, cribar, amasar, cocer, esquilar, lavar la lana, mullirla, teñirla, hilar, tejer, hacer dos cordoncillos, tejer dos hilos, separar dos hilos, hacer nudos, deshacerlos, desgarrar algo con objeto de tener dos costuras, cazar un ciervo, matarlo, despellejarlo, ensalarlo, curar la piel, pulirla, cortarla, escribir dos letras, borrar con el fin de escribir dos letras, edificar, demoler, apagar, encender, golpear con el martillo (es decir, dar el toque final a una actividad comenzada antes de Shabat), y transportar un objeto de un lugar a otro" (Tratado Shabat 7:2).
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Lo primero de lo que nos damos cuenta, es que estos trabajos o melajot, son de naturaleza agrícola y ganadera, están dirigidos a esa sociedad, de manera que pueden ser orientativos para el judío moderno, pero poco más (por eso en los círculos ortodoxos se deducen 39 toladot por cada melajá, adaptando a lo largo de los siglos esos trabajos e interpretándolos de manera que los trabajos no previstos por el redactor mishnaico estén incluidos en la lista).
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Lo segundo es percibir cómo la regulación que recoge es cerrada, lo cual no resulta adecuado. La idea central del Shabat es el descanso y la santificación, y el alcance del descanso tiene una dimensión subjetiva que no podemos obviar. La observancia del Shabat tiene que ser tal que éste siga siendo una fiesta y ocasión de regocijo, no veinticinco horas de prisión.
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Ahora examinaremos algunas disposiciones de la Mishná que deben llamar nuestra atención:
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2:5 - se puede apagar la vela por temor a los gentiles, a los ladrones, o a causa del enfermo que duerme.
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5:4 - la vaca de Rabí Elazar ben Azarías andaba con una correa entre los cuernos, pero sin que fuera del beneplácito de los sabios (es decir, que su animal vulneraba la disposición rabínica contra el porte de objetos durante el Shabat, ¡y se trataba del mismísimo Elazar ben Azarías!).
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10:3 - el que transporta las cosas ... en el codo ... está eximido, ya que no transporta del modo que es habitual a los portadores (¿por ejemplo, un libro?).
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11:1 - si uno arroja un objeto de un lugar privado a un lugar público o de un lugar público a un lugar privado es culpable; entre lugares privados pasando por un lugar público, los sabios lo absuelven.
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11:3 - si arrojó el objeto dentro de los 4 codos de distancia y rodó más allá de éstos, está exento (¿por qué? su intención no fue sobrepasar los 4 codos de distancia, es decir, profanar el sábado).
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12:3 - Rabí Yosé decía: declararon culpable la escritura de 2 letras a causa de que servía para etiquetar (las cosas), tal como escribían sobre los tablones del tabernáculo para saber cuál era su par (aquí lo que llama la atención es la finalidad práctica, como el elemento que hace de una actividad un auténtico trabajo prohibido).
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12:5 - El que escribe con cosa perecedera está exento.
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15:1 - Por cualquier nudo que pueda ser deshecho con una sola mano no se es culpable.
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15:3 - Las camas no pueden hacerse en el sábado para el final del sábado.
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17:4 - Rabí Yosé decía: todos los objetos se pueden transportar, a excepción de la sierra grande y la reja del arado ... Rabí Nehemías decía: no se pueden remover si no hay necesidad.
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21:3 - se puede coger toda la mesa y sacudirla (afirmaba la Escuela de Hilel).
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Además, un precepto general se considera que prevalece sobre la observancia sabática, y es el peligro de perder la vida; ante tal circunstancia se pueden profanar las reglas del Shabat, es lo que se denomina pikúaj néfesh (Tratado Yomá 8:6).
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De todas estas regulaciones y teniendo en cuenta lo que ha dispuesto la tradición judía hasta nuestros días sobre la observancia sabática podemos deducir unas líneas generales de observancia:
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1)Abstención de trabajos corporales.
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2)Abstención del trabajo que es nuestra vía de sustento.
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3)No encender ni apagar fuegos (¡y por lo tanto no fumar!). No se extiende esta prohibición a la electricidad, sin embargo no se deben usar aparatos eléctricos que nos desconecten de una buena observancia del Shabat (como televisores, radio, internet,...). No se puede cocinar pero sí calentar alimentos que ya estén cocinados.
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4)No viajar, y en la medida de lo posible no usar medios de transporte, a no ser para poder acudir a la sinagoga.
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5)No hablar sobre negocios. No portar ni usar dinero.
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6)Observar en la medida de lo posible la lista de 39 trabajos prohibidos, recordando algunas cosas:
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6.1 - No realizar trabajos que se pueden dejar para otro día (no son necesarios), por ejemplo, el domingo. El Shabat es el día de descanso para los judíos, el domingo puede que lo tengamos libre, por lo tanto, ese día es el que hemos de usar para todas esas cosas que no podemos hacer en Shabat pero que tenemos que hacer de vez en cuando (como limpiar la casa o planificar la semana, o pensar en dinero, o hablar de política y negocios...).
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6.2 - No completar o terminar trabajos que se comenzaron antes del Shabat; ni tampoco planificar los que se harán durante la semana; no pensar incluso en el trabajo, ¡descansar!
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6.3 - No realizar esos trabajos prohibidos con intención de profanar el Shabat, pero quizás algunos sí podamos hacerlos para enriquecer la experiencia del Shabat (como preparar una comida festiva o escribir/borrar en un taller de estudio del judaísmo, la Torá,...)
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6.4 - No realizar trabajos con objeto de obtener un resultado laboral o una finalidad práctica; no realizar en general ninguna actividad que conduzca en esa dirección.
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6.5 - Y en general no incidir sobre el mundo; pensar que como "corona de la creación", nada tiene por qué ser añadido ni quitado del Shabat: no crear ni destruir (entiendo que el arte no debe considerarse como crear sino como algo distinto y que por lo tanto sí puede enriquecer el Shabat).
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7)Eliminar las preocupaciones y el estrés, ¡también eso puede quedar para el domingo!
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En cualquier caso, la finalidad de esas abstenciones o actos debe ser "santificarlo". Debemos realizar actos positivos durante el Shabat: como el encendido de las velas, la bendición de los niños, el kidush en la víspera y al mediodía, la tercera comida o merienda de Shabat, la havdalá,... el arte, escuchar música, ver una película de temática judía, leer o estudiar sobre temática judía, dar un paseo, disfrutar de la naturaleza, hacer meditación, otiot jayot o yoga... también pueden enriquecer nuestra observancia sabática; y por supuesto, rezar o estar a solas con Dios (así lo describió el genial Rabino Leo Baeck), acudir a los servicios en la sinagoga, y disfrutar de la presencia de seres queridos.
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En cualquier caso, no debemos observar de manera que los preceptos nos agobien, sino de manera paulatina, si todavía no puedes cumplir con ellos, espera y ve creciendo poco a poco. El Shabat no solamente es un día de fiesta, sino sobre todo de refresco físico y espiritual, de renovación personal y comunitaria, y así debe vivirse.

miércoles 21 de octubre de 2009

Comentario a la Parashá: Parashat Nóaj 5770 / Por Adrián Varela Cangado Abrahams

"Reflexiones sobre el Diluvio"
Por Adrián V. Cangado Abrahams
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Esta semana leemos la historia de Nóaj y el Diluvio, uno de los relatos más conocidos de la Biblia Hebrea. Muchos pueblos de Oriente Medio compartieron en la antigüedad el testimonio de un cataclismo natural sin precedentes. Recientes estudios científicos han llegado a la conclusión de que en el tránsito entre la prehistoria y la historia, aguas torrenciales procedentes del Golfo Pérsico habrían cubierto y desolado la región meridional de Mesopotamia. ¿Y qué podemos decir, en resumen, de la Parashat Nóaj? Nos habla de una catástrofe, de un arca, y de un viaje.
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El Diluvio en la literatura antigua
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De acuerdo al texto de la Torá, el mabul o diluvio fue el resultado de la combinación de dos fenómenos naturales: el incremento del nivel del mar, y prolongadas lluvias torrenciales. Nos acercaremos a este extraño fenómeno a través de tres de los testimonios de la antigüedad: el libro de Génesis, el poema acadio "Atrahasis", y la epopeya de Gilgamesh. Los textos presentarán similitudes, pero también importantes diferencias.
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"Esta es la historia de Nóaj. Nóaj era un hombre justo; perfecto en su generación; Nóaj caminaba con Dios. Nóaj tuvo tres hijos: Shem, Jam y Yáfet. La tierra se corrompió ante Dios; la tierra estaba llena de violencia. Cuando Dios vio cuán corrupta estaba la tierra, pues toda carne había corrompido sus caminos en la tierra. Dios dijo a Nóaj, "He decidido poner un fin a toda carne, pues la tierra está llena de violencia por causa de ellos (…) " Construye tú mismo un arca de madera de gófer, (…). En cuanto se refiere a Mí, traeré un Diluvio – aguas sobre la tierra – para destruir toda carne bajo los cielos en la que haya hálito de vida; todo cuanto la tierra posee, perecerá. (…) Y de todo lo que vive, de toda carne, tomarás dos de cada para el arca y así mantenerlos con vida; ellos serán macho y hembra. De los pájaros de toda clase, ganado de toda especie, cualquier criatura que palpite en la tierra, dos de cada deberán venir a ti para seguir con vida. (…) En el año 600 de la vida de Nóaj, en el segundo mes, el día diecisiete del mes, en aquel día, todas las fuentes del abismo mayor brotaron, y se abiertos las puertas de las aguas del cielo. La lluvia cayó sobre la tierra 40 días y 40 noches. (…) Cuando las aguas hubieron subido sobre la tierra, todas las montañas más altas bajo el cielo quedaron cubiertas por completo. (…) Cuando ya habían pasado 150 días, Dios recordó a Nóaj. (…) En el año 601, el primer mes, el primero del mes, las aguas empezaron a secarse en la tierra, (…)."
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Cuando las aguas empiezan a ceder, Nóaj envía un cuervo, pero éste va y viene sin más. Después envía una paloma. La primera vez, la paloma regresa pues no encuentra en dónde posarse. Siete días después envía de nuevo a la paloma, y he aquí que al atardecer la paloma volvía con una rama de olivo. Esperó siete días más, dejó volar a la paloma, que ya no regresó. Así nos lo cuenta la Torá: (1) el ser humano es la causa de este desastre natural, y (2) Nóaj es salvado para que la historia del hombre comience de nuevo.
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La tradición acadia recoge, en el poema "Atrahasis", una historia similar, sin embargo, aquí no es el pecado del hombre sino su "ruido" lo que enturbia el sueño de los dioses.
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"La tierra se había expandido en exceso, los hombres eran demasiado numerosos. / La tierra gritaba violenta como ganado salvaje. / El dios fue perturbado debido al ruido. / [Enlil] oyó su clamor / [y] Dijo a los demás dioses, "Opresor se ha vuelto el clamor de los hombres, / Y por su clamor no puedo dormir"."
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Más cercana a la tradición judía, al menos a primera vista, es la epopeya de Gilgamesh.
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"Hombre de Shuruppak, hijo de Ubartutu, / Destruye esta casa, ¡construye una barca! / Abandona tus posesiones, ¡busca la vida! / ¡Desprecia toda riqueza y mantén a salvo tu alma! / Llena la barca con las semillas de todo cuanto existe y vive."
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"Cuando llegó el séptimo día / Envié y dejé libre a una paloma. / La paloma se fue y regresó, sin más; / No había lugar de descanso para ella, por eso volvió. / Entonces envié un cisne. / El cisne voló pero también regresó; / No había lugar de descanso para él, por eso volvió. / Entonces envié un cuervo. / El cuervo salió y a medida que las aguas decrecían, / Él pudo comer, dar vueltas, por eso ya no regresó. / Comió, y nunca regresó."
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Sin embargo, la diferencia con el relato de la Torá es que Gilgamesh no será un hombre corriente sino que, tras su hazaña, se convierte en un héroe, en un semidiós al que le es concedida la inmortalidad, desapareciendo así para la historia del hombre.
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¿Cuál fue la causa del Diluvio, según la Torá? Si nos fijamos detenidamente en los versículos bíblicos, podemos ver cómo se repite en varios de ellos la raíz shin-tav-tet. Esa es la Leitwort de nuestra parashá:
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"La tierra se corrompió [en heb. Vatishajet ha-árets] ante Dios." (Gén. 6:11a). "Cuando Dios vio cuán corrupta [en heb. nishjatá] estaba la tierra, pues toda carne había corrompido [en heb. ki-hishjit] sus caminos en la tierra,... " (v. 6:12) "..., Dios dijo a Nóaj, "He decidido poner un fin a toda carne, pues la tierra está llena de violencia por causa de ellos: Estoy dispuesto a destruirlos [en heb. mashjitam] con la tierra"." (v. 6:13).
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La Torá utiliza el mismo verbo cuando se refiere tanto a los actos que motivaron la destrucción de los seres vivos como a la destrucción misma. No se trata de una casualidad, al contrario, el relato quiere enseñarnos que fueron los errores del hombre los que motivaron la destrucción, o mejor, esos mismos errores son la destrucción. Pero, ¿los pecados del hombre están detrás de las catástrofes naturales? Tal vez sí. En el Zóhar se dice (Nóaj, 62a), "lo principal en la tierra son los seres humanos; y si ellos se destruyen, la tierra es destruida".
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En otro versículo se dice que el ser humano había corrompido=destruido "su camino" en la tierra. Podemos interpretar esta expresión como sinónimo de romper con lo establecido, de desafiar o desatender las leyes naturales. Si releemos los primeros capítulos del Génesis y volvemos sobre la historia de Nóaj, podemos ver cómo la destrucción ocurre mediante un revés en la obra de la Creación. En el verso 1:9, la Torá dice, "Dios dijo, "Que las aguas que están bajo el cielo sean reunidas en una única área, para que aparezca la tierra seca", y fue así." Dios había creado una expansión que separaba las aguas inferiores y las superiores, y había reunido los mares para hacer surgir la tierra seca. Aquí, las aguas de arriba y las aguas de abajo, los torrentes del cielo y de los mares, vuelven a inundar la tierra, a acercarse.
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La moraleja es la salvación del justo. Al igual que versa el Salmo 92, mientras el malvado crece como la hierba, pero ésta pronto perece, el justo crecerá como la palmera, firme, y aún en su ancianidad, producirá fruto; aunque no estoy completamente seguro de que esto sirva al justo de alivio cuando enfrenta la muerte, la enfermedad, o la tribulación.
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Si aquello fue una catástrofe natural, tal vez por eso aparecen en la misma porción semanal el Diluvio y la construcción del ídolo de Babel. De acuerdo al Zóhar, por ejemplo, cuando el versículo dice, "y aconteció que cuando viajaron de oriente … hallaron un valle" (Gén. 11:2), se refiere a que los supervivientes del Diluvio hallaron en aquel valle restos de construcciones y sabiduría de sus antiguos habitantes, y por eso construyeron la ciudad y el ídolo de Babel. "Y pronunciaban con sus bocas todo tipo de hechicerías y juramentos que no comprendían para proferir daño, e hicieron su obra" (Zóhar, Nóaj).
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La metáfora del Arca
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Tanto Nóaj como Utnapishtim y Gilgamesh, Dios pide al hombre más justo de su generación que construya un Arca, ¿qué simboliza el Arca?
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De acuerdo a la descripción dada en la Biblia Hebrea, debía ser una construcción inusual para aquella época: 150x25x15 metros cúbicos aproximadamente. En la Torá no se dice que Nóaj avisase a sus contemporáneos del desastre que se avecinaba, sin embargo, ¿acaso no habrían preguntado al ver el Arca y su tamaño? Así lo entiende al menos el Midrash.
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En épocas de convulsión y deterioro moral, se producen casos de pietismo como el de nuestra historia. El justo, el piadoso, se encierra en sí mismo y se aparta del resto de la sociedad. Prefiere el aislamiento antes que participar en la degradación ética que le rodea. El Arca simboliza la compasión protectora de Dios que envuelve al justo ante las circunstancias más adversas.
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El Arca nos lleva, no cabe duda, al relato de un viaje, en el tiempo, y en el espacio. De un viaje en el tiempo porque, mientras la Torá cuenta con detalle la destrucción de la vida en la tierra, nada sabemos de cómo fueron aquellos días dentro del Arca. Allí, el tiempo quedó como detenido. Tal vez por eso el versículo 8:3 dice, jamishim umeat yom "ciento cincuenta días", pero dice yom, "día", no yamim "días", como correspondería. Aquellos ciento cincuenta días eran, dentro, como un día. El piadoso, aislado del resto del mundo, crea su propio calendario, queda sometido a sus propios ciclos, a sus propios tiempos. Pensemos por ejemplo en los pueblos "amish" en América del Norte o en los antiguos shtételej judíos de Europa del Este. Sin duda se trata de manifestaciones de absoluta y pura libertad humana.
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La historia de la humanidad es una historia de migraciones: debido a catástrofes naturales, a cambios climáticos, a la pobreza o al hambre, a la escasez de agua, a las guerras, a las conquistas, pero también a la religión. Cuando Cristóbal Colón descubre sus Indias, muchos judíos hallaron en el Nuevo Mundo una oportunidad para liberarse del yugo de un cristianismo al que habían sido forzados a convertirse en España, para practicar allí el judaísmo, públicamente, en lugares como Recife, Curação, o New Amsterdam (más tarde, Nueva York). Pero también fue una señal de salvación para numerosos grupos cristianos protestantes, que instalaron allí su estilo de vida, escapando de la impiedad y la degradación moral de la Europa que dejaban atrás y a veces de la persecución. ¿Quién no cambiaría, en aquella época, los olores terribles de ciudades como París, olor a putrefacción y suciedad, por las amplísimas llanuras de Nueva Inglaterra en las que respirar aire limpio?
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Estas migraciones no son historia pasada. Es plena actualidad: ¿qué podemos decir del modo en el que el ser humano está "corrompiendo=destruyendo" el planeta, envenenando el aire, arrasando los bosques que generan el oxígeno que necesitamos para respirar y vivir, ensuciando los océanos, derritiendo los polos? ¿a qué nos recuerda la metáfora del Diluvio? ¿en qué pensamos cuando leemos "lluvias torrenciales" o "subida del nivel del mar"? La historia de Nóaj nos habla de esperanza: existe un futuro más allá de la desolación. Pero, ¿existirá un futuro para el mundo que conocemos?
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Tanto el Arca de Nóaj como la de Utnapishtim quedan ancladas al harei Ararat "sobre las colinas de Ararat" (Gén. 8:4), lugar que no vuelve a ser mencionado en la Biblia Hebrea. Los historiadores antiguos creían que se trataba de algún lugar de Armenia, pero parece más adecuado situar estas colinas en las montañas de Zagros, al este del Tigris.
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Tanto Nóaj como Gilgamesh envían pájaros, pues este era un medio habitual en la antigüedad que servía a los marinos como compases. Lo cual nos devuelve al viaje...
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El Diluvio: historia de un viaje
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Cuando pienso en Nóaj, me vienen a la cabeza esas dos ideas: la huida del justo en busca de su tierra prometida, y un viaje.
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Ha habido viajeros judíos muy célebres. Nóaj es el primer viajero del que nos habla la Torá. Podríamos citar por ejemplo a Benjamín de Tudela, un mercader que en el año 1160 emprendió un largo viaje, que recogió en su "Itinerario", por razones comerciales y científicas. Recorrió Europa y Asia, y visitó Jerusalén y Bagdad. Veinte años después (1179 a 1180), Petajia de Ratisbona, emprendía el suyo. Otro viajero célebre fue Estori Parji, el mayor explorador de la tierra de Israel. Su familia era de Florenza, en Andalucía, pero él había nacido en Provenza, de donde huyó con su familia el año 1306, cuando se decretó la expulsión de los judíos de Francia. Fue entonces cuando se trasladaron a España, y luego a Egipto. Durante siete años exploró la tierra de Israel, y en especial, durante dos años enteros, la región de Galilea. En una carta escrita en 1488, Obadia de Bertinoro, le cuenta a su padre anciano las aventuras y descubrimientos en su viaje de Italia a Jerusalén. El pueblo judío sabe mucho sobre lo que significan los viajes, tanto los forzosos como los voluntarios. Al final, de cada experiencia, nos hemos quedamos con los viajes, y con todo el bagaje cultural del que nos nutrimos allí por donde pasamos: en el idioma, en la cocina, en nuestra ropa, en la música, en nuestra visión del mundo, etc. Somos un pueblo de viajeros. Nuestros antepasados, en la Torá, se la pasan viajando: del Edén a fuera del Edén, de Ur Casdim a Jarán, de Jarán a Canaán, de Canaán a Egipto, de Egipto a Canaán, de Egipto al desierto, del desierto a Canaán.
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Detrás de los viajes, no de los breves, de placer o negocios, sino de los viajes que marcan nuestras vidas, reside una constante humana: el anhelo por ese viaje mayor, el de la humanidad o un pueblo concreto, a una tierra mejor. El ser humano siempre ha soñado con tierras prometidas, y frecuentemente no se trata de un lugar concreto, sino de una situación, de un ambiente de tranquilidad. Platón y Tomás Moro, por ejemplo. O Eldad el Danita. Lo lamentable es que prefiramos, casi siempre, soñar con esa tierra prometida, y no cuidad ni arreglar la que tenemos. ¿Con qué sueña el moderno ser humano que ha destruido su mundo? ¡Con ciudades en Marte! La imagen de una hipotética nave espacial transportando a los primeros marcianos para que disfruten de un planeta tóxico, seco y frío es similar a Nóaj y su Arca. Aunque nuestros protagonistas no sabían lo que les esperaba: era subir a ella o morir. Pero aquí tenemos, o eso parece, aún tantas posibilidades.
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Eldad el Danita es el primer judío del que sepamos que escribió un libro de viajes. Emprendió un viaje para encontrar a las diez tribus perdidas, más o menos en el año 880 e.c. En su obra, Eldad nos habla de imperios israelitas, de una poderosa dinastía de Moisés, y de pueblos en los que sus habitantes eran perfectamente virtuosos, todos ellos felices y con vidas largas y llenas de bendición. Como podremos imaginar, había mucho de fantasía en sus viajes, pero me pareció buena idea recoger un estrato en este comentario:
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"Un río rodea su tierra por una distancia equivalente al viaje de cuatro días en cada flanco. Ellos residen en hermosas casas, con bonitas torres, que ellos mismos han construido. Nada está sucio por allí, tampoco en los nidos de los pájaros ni por causa de los animales domésticos; no hay animales salvajes, ni moscas, ni zorros ni gusanos, ni serpientes, ni perros, y en general, nada que hace daño; solamente tienen ovejas y ganado, que da crías dos veces al año. Su labor es cosechar el campo y tienen toda clase de huertos y jardines, con toda clase de frutas y cereales, judías, melones, calabazas, cebollas, ajo, trigo y cebada y de una semilla salen cien. Tienen fe: conocen la Torá, la Mishná, el Talmud, y la Agadá. Ningún bebé, ya sea niño o niña, muere antes que sus padres, sino que alcanzan la tercera y cuarta generación. Realizan las tareas del campo por sí mismos, no tienen siervos ni siervas. No cierran sus casas por la noche, pues no hay ladrones ni quien pueda hacerles mal alguno. Tienen montones de oro y plata; (…) fabrican preciosas vestimentas. El río Sambatión está rodeado de arena y piedras, pero sin agua; las piedras hacen un enorme ruido, como las olas del mar o el cielo en día de tormenta, de manera que por la noche se escucha a distancia de día y medio de viaje. Tiene muchos peces, y hay toda clase de pájaros volando alrededor. Este río de piedra y arena rueda y rueda durante los seis días de trabajo, pero descansa en Shabat. Tan pronto como el Shabat comienza, el fuego calma el río, y las llamas permanecen allí hasta la siguiente noche, cuando el Shabat termina. Ningún ser humano puede traspasar las fronteras del río."
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Los relatos sobre lugares imaginarios desvelan los deseos y necesidades del ser humano: tranquilidad, prosperidad, paz, protección. Lo contrario al mundo en pleno Diluvio: aquí el agua está casi ausente. Pero el río de piedra es revelador, ¿necesita el justo, para prosperar y ser recto, separarse del resto de la sociedad? ¿Hasta qué punto debe asegurarse esa separación? ¿En qué medida participar, en qué medida mantenerse al margen? ¿Cómo debe desarrollarse la piedad: como el eremita, encerrado en la cima de su colina, o como el sufí, plenamente inmerso en la vida de la calle y el bullicio del resto del mundo? Cierto Rabí dijo una vez que a ambos lados de cada persona hay dos caminos, uno es de fuego y el otro es de hielo. Es peligroso acercarse a cualquier de ellos, por lo cual debe caminarse en medio. Pero, ¿dónde está ese camino intermedio? Nunca es fácil saberlo. Los que estaban fuera del Arca, perecieron, pero ¿sólo quedaron con vida los que estaban dentro? No. Nada se dice en la Torá de los peces del mar. No se mencionan entre los que son destruidos, ni tampoco se nos dice que entrasen parejas de peces al Arca, con Nóaj. Me pregunto, ¿qué estará queriendo decirnos con esto la Torá?
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Sin más os deseo que tengáis paz en el Shabat. Shabat Shalom umevoraj!

jueves 15 de octubre de 2009

Rosh Jódesh Marjeshván

Estimados amigos,
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Recordad que el próximo domingo día 30 de tishrei y el lunes día 1 de marjeshván, es celebración de Rosh Jódesh Marjeshván.
Este próximo Shabat deberá hacerse, por lo tanto, después de las lecturas, la Birjat haJódesh o "Bendición del Mes".
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Shalom vekol tov!!